Un “nuevo” mundo

Clase universitaria sobre mediación en conflictos armados. El profesor, que ha tomado parte en varias, explica sus experiencias. Ahora habla de los años 90 en Los Balcanes y de cómo se idearon estrategias para crear la paz en los países de la antigua Yugoslavia tras sanguinarios enfrentamientos entre militares, milicianos y otra población civil.

El fútbol era un tema prohibido ya que, como el enemigo y la guerra (los otros dos temas tabú), crea ambientes my tensos y puede llevar a la violencia. ¿De qué hablar entonces en un ambiente 100% masculino y marcado específicamente por el conflicto? Se escogieron temas que resultaran “agradables” y que traspasaran fronteras, como la comida o… las mujeres.

Cuando el ponente explica este punto, aún no salto de mi silla, pensando que, ya que los hombres salieron a luchar y muchos de sus hijos varones fueron asesinados, quizá se les pidiera que hablaran de sus hogares y los miembros (por tanto mujeres) que habían sobrevivido en ellos. La mayoría de las personas tienen un vínculo fuerte con sus madres, hermanas, tías, hijas, esposas, primas… y en general, los sentimientos hacia ellas: planes para un futuro mejor que el propio, amor, empatía, etc. pueden ser similares.

Pero en la clase se va un paso más allá. Se nos explica que lo que se quería era crear camaradería entre los hombres. No venían a hablar de lo mucho que querían o se apoyaban en sus parejas o madres, o lo orgullosos que estaban de sus hijas, sino de, como dijo literalmente un asistente, que presumía precisamente de haber trabajado en temas de género: “vaya tetas que tiene aquella” o “sí, a esa otra también me la he tirado yo”. El profesor, aunque no responde verbalmente, sonríe y asiente en silencio.

Yo me quejo diciendo que no me parece bien que ese proceso de pacificación y normalización se haga basando el bienestar y divertimento de los hombres en la cosificación de las mujeres y planteo que, aunque pueda ayudar a calmar los ánimos entre los hombres, puede dar lugar a la larga a mayores tasas de violencia de género, agresiones sexuales etc. que habían sido precisamente grandes problemas durante el desarrollo del conflicto con trístemente famosas violaciones en grupo y vejaciones reiteradas de las mujeres de ambos bandos pero, especialmente, de las mujeres bosnias.

El profesor no necesita entonces defender sus argumentos. Los oyentes, hombres y mujeres, defienden que hay que tener miras más anchas que las mías y establecer prioridades: antes que la igualdad de género se debe pensar en la paz. Dicen que no se puede asegurar que hacer comentarios al respecto de los cuerpos de las mujeres y compartir datos de su intimidad y sexualidad para crear camaradería no tienen por qué tener consecuencias negativas duraderas.

Me entristezco y me pregunto qué clase de “paces” vamos a construír. Creo que la paz es importante pero si no se basa precisamente en criterios de igualdad de género y valores de justicia para todas y todos, el “nuevo mundo” que obtengamos como resultado seguirá siendo injusto para el 50% de sus habitantes y en él volverá a verse como natural que la humillación de las mujeres sea un “daño colateral” para el bien común… de los hombres.

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2 comments

  1. Ovejanegra · April 16

    Tristemente es así. Siempre es así. Es como si el hombre fuese el que tiene que estar tranquilo y en paz. El que lleva el pan a casa. El que sostiene el peso del mundo, y por lo tanto su bienestar y felicidad priman.
    Les escuece que no nos callemos. Les sigue escociendo que sepamos que ya no más. Que podemos. Y que lo haremos.
    Quizá no creas que no hiciste mucho levantando la voz ante la mayoría. Pero seguro que alguna, y quizá alguno, reflexionó. Quiero pensar que siempre es así. Que siempre que una voz se alza, por pequeña que sea, hay alguien que escucha.

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    • feministamuyharta · April 16

      Ojalá poco a poco se piense un poco qué se va a decir en las clases también. Que los profesores, por ser profesores, no tengan carta libre respecto a temas que consideran “inocuos” como opinar o alabar la belleza de algunas mujeres, hablar de aumentar la natalidad porque es bueno para la economía como si las y los bebés salieran de los árboles, etc. Aunque con que no se sintieran ofendidos cuando se señala que sus comentarios son misóginos y reconocieran su erros con un simple “me he pasado” o “quizá no ha sido un comentario muy acertado”, ya hubiéramos ganados bastante.

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